En sus peores días, cuando se sentía fea, deformada, e incompleta, María no se deja vencer. Para subirse el ánimo ella usaba su picardía cubana y su coquetería natural, y sus mejores herramientas eran un labial rojo y la risa.

Lucir bien era importante para María porque quería ser ejemplo para otras mujeres que estaban pasando por lo mismo y contagiarlas con su actitud positiva.

Con la ayuda de su madre, María confeccionaba accesorios para la cabeza, como pañoletas y gorritas, lo que se convirtió en una terapia para las dos.

Ahora Maria, enseña a otras mujeres a diversificar la forma de llevar esos accesorios de forma divertida y chic!

Ella está siguiendo las palabras que su tía le dijo antes de morir: “Vive, ama y lucha”.

 

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