Ni el  cáncer de seno, ni su divorcio, ni la pérdida de su casa quebrantaron la Fé de María. Aunque al principio tuvo miedo y se cuestionó el porqué de esta enfermedad justo en el momento en que había encontrado el amor incondicional, ella luchó con todas sus fuerzas para que estas circunstancias no la debilitaran.

En cada cita médica, en cada cirugía, en cada sesión de quimioterapia, su novio Troy siempre estuvo como una roca a su lado. Nunca le mostró lástima, por el contrario, la seguía viendo con los mismos ojos del día en que la conoció.

Troy sorprendió a María en la Navidad pasada con una carta en la que le decía que quería compartir su vida con ella, y en mayo, le regala un brillante que sellaría su compromiso de amor.

En su diario María le da las gracias a Troy por todo el apoyo que él le ha dado, y por haberla hecho sentir como una verdadera mujer en todo el sentido de la palabra: “Troy, te agradezco por mostrarme lo que significa el amor incondicional.” 

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