Como si los norteamericanos necesitaran un recordatorio de que rebajar es duro y mantener el peso es más duro aún, un reciente estudio encontró que, al menos durante un año, quienes perdieron peso con una dieta baja en calorías se sintieron más hambrientos que cuando empezaron el régimen.

No sólo eso, sino que registraron niveles más altos de las hormonas que le dicen al cuerpo que coma más, conserve energía y reserve alimentos en forma de grasa, reporta el periódico Los Angeles Times.

El estudio, publicado por el “New England Journal of Medicine”, ayuda a explicar por qué cuatro de cinco personas que se ponen a dieta terminan ganando las libras perdidas luego de uno o dos años y, en ocasiones, hasta ganan más.
 
Es una mirada al patrón desalentador: el estudio ilustra que al perder peso, múltiples mecanismos compensatorios se activan y trabajan juntos para asegurarse de que el peso perdido es revertido rápida y eficientemente.
 
Los investigadores escribieron que más de una solución a la crisis de obesidad será necesaria: se necesita una combinación de medicamentos que debe ser segura para usos a largo plazo.
 
El reporte llega en un momento en que la búsqueda para desarrollar medicamentos efectivos contra la obesidad ha recorrido un duro camino. Durante los últimos cuatro años, la Agencia de Alimentos y Medicamentos ha rechazado varios fármacos al cuestionar su seguridad en caso de que sean usados por la población por largos periodos de tiempo.
 
Mientras tanto, dos tercios de los norteamericanos y una proporción creciente de la población en países en desarrollo están sobrepeso u obesos y, aunque la tasa de obesidad en los Estados Unidos ha comenzado a estabilizarse, no ha habido un declive real. 
 
Oficiales de la salud pública temen que una generación entera de norteamericanos sufrirá de una salud pobre y muerte temprana debido a las libras que tienen de más.